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Un poco de japonés, una fuente de motivación y algo de budismo Zen

Este día, algunas de mis clases fueron algo diferentes. Gracias a que hoy tocó examen en una de ellas y en otra una actividad de práctica, tuve tiempo para practicar en Anki mis palabras de japonés y mis notas del curso de certificación. Me sorprendí de lo mucho que había avanzado para los primeros 25 minutos, ya había terminado mis tarjetas pendientes de un mazo y me faltaba mucho tiempo libre aún.


Algunas de mis cartas de Anki incluyen varias de las palabras que utilizas al hablar de ti mismo en japonés. La fórmula es distinta que en español: la manera estándar es watashi, pero si eres un adulto mayor puedes decir washi; si eres un varón y quieres hablar con humildad, dices boku; si eres varón y hablas con tus amigos, dices ore; si quieres decir "yo mismo", usas jibun; si eres una mujer joven y estás platicando con tus amigos puedes decir atashi; y hay más. Quién diría que una palabra tan sencilla en español implicaría un gran esfuerzo de memorización en otro idioma.


En mi clase de inglés, puse un video de una de mis youtubers favoritas para practicar el listening y para que mis alumnos escribieran un texto similar a lo que la chica decía en su video. Siempre que veo su canal recobro algo de motivación y comienzo a trabajar con más determinación (si ella pudo graduarse de Oxford y ha sobrellevado su maestría en Harvard, yo puedo terminar bien el trabajo que tengo pendiente).


Dormí un rato antes de la clase en la que estoy, para las seis de la tarde mis ojos ya se cerraban solos y la sesión iniciaba a las siete. Aprovecho que mi alumno está trabajando para poder escribir esta entrada. Estos días he estado muy cansado pero no puedo atribuirlo al ejercicio, la verdad es que he continuado desvelándome y no he logrado mi meta de despertarme a las 7 am todos los días. Mañana es sábado, creo que es un buen día para empezar.


Hace un rato comencé a sentir la misma ansiedad que experimenté una semana atrás, cuando pasé por la etapa de desesperación y llegué a la de negación. Ya hasta había pensado dejar mi curso de certificación, porque había tenido tantas exigencias y mi progreso había sido tan poco que no creía que podría llegar preparado al examen final que tendremos el 20 de noviembre. Esta tarde me sentía feliz por estar teniendo un buen rendimiento en mis clases pero el recordatorio de que debía de trabajar no me dejaba sentirme pleno. Necesitaré dedicar este fin de semana a mi curso, creo que estoy en la semana decisiva.


Algunos días, desearía haber sido un cangrejo y poder ver esto todos los días


Escribo esta entrada con la sensación del atardecer y la arena mojada de la playa entre los dedos. Espero que el virus que nos tiene confinados se retire pronto y nos permita volver a disfrutar de los momentos que extrañamos. Ahora que lo pienso, no he meditado en muchas semanas, creo que puedo retomar ese hábito para sobrellevar el estrés que he sufrido en estos días. ¿Saben? A principios de año leí un libro muy interesante sobre budismo Zen (Steve Jobs lo recomendaba), el autor decía que esta práctica no debía ser realizada como método de relajación, o con algún otro fin. En realidad, tener un objetivo en mente es contradictorio con el Zen, el cual busca desalojarla de cualquier pensamiento que nos aferre al mundo, al yo, o al tiempo. Debemos practicarlo sin ninguna meta para poder realizarlo bien. Ustedes, ¿se han dado una oportunidad con esta disciplina?

 
 
 

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